PERFUME DE HERMANDAD
- Raúl Ávila

- 18 mar 2023
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 27 abr 2025
Hace un mes, volví a ver una película que hacía muchos años no veía: Perfume de mujer.
Si bien soy de las personas que -cuando algo le gusta- puede disfrutarlo infinidad de veces (sobre todo cuando se trata de películas, música y libros), por algún motivo no había vuelto a ver Perfume de mujer, así que lo que recordaba era que se trataba de un militar ciego (interpretado por Al Pacino) al que le asignaban un "asistente" (Chris O´Donell) que padecía los caprichos del ciego. Lo otro que recordaba era la escena en la que el ciego baila con una hermosa jóven el tango "Por una cabeza".
Pero hace un mes, quien me sugirió la posibilidad de verla nuevamente fue mi hermano Gabriel. Yo me quedé durante la mañana con él y le propuse ver alguna película, a lo que él me dijo: "a mí me gusta Perfume de mujer".
Ahí recuperé el trasfondo de la historia. El dilema de Charlie Sims (el personaje que encarna O´Donell), al ser un estudiante becado en una exclusivísima universidad privada que, habiendo presenciado la preparación de una broma pesada al director (pergeñada por otros estudiantes más aventajados económicamente), debía decidir si accedía a las presiones de este último y delataba a sus compañeros (a cambio de una recomendación en otra universidad aún más encumbrada) o si mantenía en silencio la identidad de los bromistas, con el riesgo de ganarse la enemistad del director.
También recuperé el maravilloso alegato final del Teniente Coronel Frank Slide (Al Pacino), defendiendo la dignidad de Charlie ante el tribunal que decidiría su futuro como estudiante.
Pero lo que de veras recuperé fue el placer de compartir un rato con mi hermano Gabriel. Su mirada atenta a una historia, su cara de disfrute, sus oídos atentos, sus comentarios ("qué lo parió", "es un hijo de puta el ciego").
Hacía mucho no disfrutábamos juntos de algo. Teníamos gustos e intereses muy diferentes (casi opuestos). Durante muchos años nos unía el placer de tomar un whisky o un vino, mientras conversábamos de diferentes temas (todos absolutamente banales) o cuando mirábamos "Esperando la carroza", ritual del primer día de cada año que había empezado con mi madre y que mantuvimos siempre (a mí se me antoja como una suerte de homenaje a ella).
Unos días después Gabriel falleció y lo acompañamos a lo que -pomposamente- suele llamarse "su morada final".
Me jode un poco pensar que tuvimos que esperar a un diagnóstico de cáncer para recuperar momentos juntos. Uno suele arrepentirse de las veces que no atendió una llamada, de cuando mintió que estaba ocupado para terminar otras y de no haber aprovechado un rato cuando estaba cerca de esa persona que ahora está tan infinitamente lejos.
Sin embargo, algo dentro de mí me dice que esa elección de Gabriel, de mirar "Perfume de mujer", fue su forma de dejarme algo más que una simple película entretenida con un hermoso mensaje final.
Ahora, al igual que pasa con "Esperando la carroza", tengo otra película que me remite a un momento mágico (una suerte de oasis en un desierto donde, en lugar de granitos de arena, había momentos tristes donde uno no sabía qué hacer ni como; y donde la incertidumbre de qué hacer contrastaba con la certeza del final).
Hace casi un mes que extraño a Gabriel, y sin embargo lo siento en todo momento. Hace dos días nos juntamos los otros cuatro que quedamos y -lógicamente- lo evocamos.
Y sé que cada uno de nosotros lo seguimos evocando en privado y nos sigue doliendo no tenerlo físicamente.

Pero también es cierto que cada uno de nosotros tiene algún momento compartido con él, atesorado para ganarle -al menos- esa batallita a la muerte.
Yo elijo esa película que ahora forma parte de las imprescindibles, no sólo por ser un gran filme.
Y sé que un día volveré a abrazar al Gabito y hablaremos del ciego hijo de puta, de su sobrino idiota y de la llave magistral que le hizo el ciego cuando se quizo pasar de vivo. Capáz que incluso vuelvo a tomarme una con el Gabito y a poner "Payaso de tu amor" del Combo Camagüey... y voy a volver a escuchar su voz chillona diciéndome: "Piojo".
Y mientras llega ese día, lo seguiré recordando, sonriendo al mismo tiempo que lagrimeo y buscando denodadamente la forma de retenerlo en mi recuerdo, porque necesito que el Gabito siga un rato más conmigo.
Simplemente movilizador, y emocionante.
Todo dicho , yo tambien tengo mucho recuerdos con Gabo, Pero me quede con las ganas de verlo otra vez y recordar con el….