DECIR... HACER... ESTAR... BUSCAR... ENCONTRAR...
- Raúl Ávila

- 29 jun 2019
- 2 Min. de lectura
Hay ciertos momentos en los que uno quiere decir cosas. Simplemente decir...
No tenés idea de qué, ni a quién, ni con qué razón (si es que se necesita alguna razón para decir algo). El caso es que "nace" de uno el decir.
Y tampoco se trata de escribir o de "grabar y enviar" o de chatear (qué verbo horrible!).
Decir no es simplemente hablar. Hablar, habla cualquiera.
Estoy convencido que el decir requiere acción. Implica determinación, proponerse y proponer algo, establecer algo. Decir requiere el encuentro (¿confrontación?).
Se necesita, se hace imprescindible "estar". Eso. Para DECIR hay que ESTAR.
Se me ocurre que esta hiper conectividad nos está poniendo (además de perezosos y torpes), cada vez menos "estables".
Estoy absolutamente convencido que todos necesitamos -para decir- el encuentro, la mirada franca y frontal, la calidez y también la incomodidad que -por momentos- implica una conversación personal.
De otro modo no se explicaría que teniendo, como se tiene en la actualidad, tantas posibilidades de comunicación, uno necesite (aunque sepa que muy probablemente no se cumpla) la promesa de "tenemos que vernos".
Por eso creo que las relaciones humanas, las verdaderas, requieren del encuentro. Con la excusa que sea o sin excusa. Pero el encuentro es una condición "sine qua non" para que la relación humana sea eso: una relación humana.
El encuentro, además, es la demostración de que todos los participantes del mismo son capaces de hacer algo para producirlo. Se mueven, "van" a un lugar pre fijado para encontrarse, actúan (nuevamente la acción).
Cuando eso no se produce o cuando es sustituido por comunicaciones virtuales, por muy cálidas que estas sean, no estamos hablando de un relacionamiento real. Sencillamente porque la reacción espontánea, con los ojos, las manos, la boca, el cuerpo... se pierde.
Por eso, es necesario dejar de lado aquella máxima de Plutarco de que "es necesario navegar, no vivir", porque hoy, se "navega" demasiado y no se vive. Entre teclados, pantallas táctiles y dispositivos inteligentes, estamos cometiendo la torpeza de postergar y hasta evitar los encuentros.
Y no es posible (sencillamente porque no existe), ninguna relación humana sin encuentros. Entre otras cosas, porque -precisamente- uno de los significados del verbo "Encontrar" es "dar con una persona o una cosa que se busca", y para buscar hay que moverse, actuar.
En conclusión: la única forma de decir, es haciendo, actuando, buscando... buscando para encontrar, para producir encuentros.
Encontrándonos para decirnos. Diciéndonos para conmovernos (o sea: para movernos con el otro).
Construyendo relaciones, resignificándolas, demostrándonos y demostrando que esas relaciones son reales, visibles, palpables, disfrutables.
Revelándonos contra la imposición de la virtualidad, de la comodidad burguesa y torpe que nos impone excusas idiotas para evitar el encuentro.
Entendiendo que donde no hay interacción real no hay relación real.
Demostrando al otro que nos importa y que por eso vamos a su encuentro. Valorando a quien viene a nuestro encuentro, porque eso implica que nos buscó. Nos demostró cuán importantes somos para él y para su circunstancia.
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