PARTIR CON 50 Y POCO
- Raúl Ávila

- 14 jun 2022
- 2 Min. de lectura
"Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira." (Eduardo Galeano - Memorias del Fuego I)
En algunas ocasiones me pregunté ¿qué haría si un día me entero que partiré de este mundo con 50 y poco?
Y no es que sea pesimista o que suponga que eso sucederá. En realidad la pregunta surgió en forma temprana porque mi padre falleció, de forma repentina, apenas cumplidos sus 50 años.
Por supuesto que las primeras respuestas siempre son las obvias: disfrutaría más, me haría menos mala sangre, haría más el amor, no guardaría nada, etc.
Sin embargo, lo más seguro es que cualquier elucubración que uno haga ante semejante hipótesis no sea más que eso: pura elucubración. Lo cierto es que la única forma medianamente certera de saber qué es lo que uno haría, sería enfrentado a la situación en un escenario real.
Pero además, no importa qué edad se tenga, porque quien me dió -involuntariamente- la respuesta a esa pregunta, fue mi madre, 36 años después de fallecido mi padre, cuando ella misma comenzaba a transitar su etapa final. En un video (grabado con mi teléfono móvil), en el que le enviaba un mensaje a sus nietos, mi madre finalizó diciendo: "acuérdense siempre de mí... que yo los quiero mucho".
Y ahí está la esencia de lo que todo ser humano busca. El recuerdo es la única forma conocida de vencer a la muerte (como en la película "Coco"), porque todos queremos ser recordados... y -obviamente- queremos que ese recuerdo sea algo grato.
Y mi padre, que no tenía idea que se iría de una forma tan repentina, seguramente siempre quiso que se le recordara como el ser humano que fue: bromista, bien humorado, sonriente y -por sobre todas las cosas- protector con sus hijos.
Lo que no sabía mi padre, era que aún con la muerte repentina se puede enseñar. Gracias a a la muerte de mi padre (sí, digo bien: "gracias", no "a pesar") ahora sé que se puede amar a una persona, incluso cuando se la deja de ver y se hace imposible abrazarla, sencillamente porque el amor es un sentimiento noble, no egoísta. Quienes amamos de verdad, disfrutamos lo que ese sentimiento nos provoca. Eso nos permite valorar al otro, aun en su ausencia.
Por eso, por el amor que él me enseñó incluso sin proponérselo, es que hoy celebro sus 92 jóvenes años y le doy a la distancia el abrazo y el beso que le daría si estuviera conmigo.
Yo creo en la vida después de la muerte. Por eso sé que ya empezó a celebrar este cumpleaños con mi madre y recibo sus abrazos con la alegría que merece el recuerdo de ellos.
Feliz cumple "Gato" Ávila!
Felices 92 "Erebeco"!
El "Pito" te lleva con él hasta que celebremos juntos!

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