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MUJERES

  • Foto del escritor: Raúl Ávila
    Raúl Ávila
  • 1 mar 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 18 mar 2023

Me estremecieron mujeres Que la historia anotó entre laureles Y otras desconocidas, gigantes Que no hay libro que las aguante”

(Mujeres – Silvio Rodríguez)


De un tiempo a esta parte, viene apareciendo en las plataformas de contenido audiovisual, una suerte de remake de Wonder Woman (La Mujer Maravilla). Una heroína que con ciertos súper poderes y algunos elementos tecnológicos, combate la delincuencia al mismo tiempo que exhibe sus atributos físicos, los cuales permanecen imperturbables (incluso luego de persecuciones, disparos, y otros percances que arruinarían el trabajo de cualquier estilista).

En los años 70 y 80, Lynda Carter fue la encargada de darle vida al personaje en la pantalla chica. Sus ojos claros y su delicado rostro, daba marco a una “Mujer Maravilla” que resaltaba desde cualquier ángulo que se la viera.

Hoy escuchando el tema de Silvio Rodríguez “Mujeres”, se me ocurrió pensar en cuántas “Mujeres Maravilla” uno se cruza en la vida y apenas repara en ellas.

Por supuesto que el machismo imperante en la sociedad conspira contra una mirada valorativa tanto de hombres como de mujeres, pero en el caso de ellas, me parece particularmente especial la desvalorización que se hace y no creo que la ficción de una Wonder Woman fuera -precisamente- una aliada de las maravillosas anónimas.

Yo conocí una mujer que enviudó muy joven, con dos hijos pequeños a su cargo. Y unos años más tarde, en un siniestro de tránsito perdió la vida su hija. Esa mujer, sonrió como pocas personas en este mundo, y también hizo sonreír a todas las personas que la rodearon hasta su partida a sus “jóvenes” 80 años.

Y conozco otra mujer que luchó y lucha todos los días en el departamento de Treinta y Tres para ganarse el pan. Tiene un cuerpito muy pequeñito que nadie diría que es capaz de cargar garrafas de súper gas de 13kg. Sin embargo lo hace y -lo más destacable- lo hace con una sonrisa y agradecida porque puede ganarse el pan honradamente (y antes de que lo piensen, no estoy tratando de romantizar la injusticia social que implica que una persona trabaje casi hasta el final de sus días, quiero enfocarme en la actitud de la mujer, no en el drama general de una sociedad desigual).

Tuve la enorme alegría de trabajar con una mujer que tiene un humor magnífico todos los días y que trata con la mayor gentileza posible a todos quienes la rodean. Siempre está dispuesta a ayudar (incluso cuando no sabe cómo, pero la disposición nunca falta). Un día, por un comentario suyo, me enteré que había perdido a un hijito pequeño en un accidente de tránsito. Ella lo llevaba en su regazo.

Hace poco me crucé con otra mujer de esas que uno no puede creer que existan. Ella siempre está de buen talante, a la mañana lleva a sus niños a un centro de estudio, de ahí se va a su trabajo. A la tarde sale volando del trabajo para levantar nuevamente a sus niños y prepararles una merienda, al mismo tiempo que cuida de su madre. Colabora con la tarea de los pequeños y -dos veces a la semana- concurre a clases de zumba para cuidar su salud. Además, suele llevar a su hermana al trabajo (puesto que ella trabaja en un centro de salud en horario nocturno) y también lleva a los niños a actividades físicas y deportivas. Y cuando los tiempos se lo permiten, ella se da el gusto de salir a disfrutar de una cena, una película, teatro, amigas, etc. Y aunque no lo crean, busca (y lo más importante: encuentra) la forma de elaborar una tesis de posgrado para crecer académicamente.

Y una vez conocí a una mujer que enviudó repentinamente con menos de 50 años y cinco hijos a su cargo (dos de ellos, aun menores). Esa mujer solía recordar el episodio en el que perdió la vida su esposo con la frase “sentí que se me vino el mundo encima”. Y aún así, sacó a sus cinco hijos adelante y cuando a sus 82 años falleció, lo hizo viendo a sus hijos rodeándola… esa mujer era mi madre.

¿Qué me vienen con ficciones? Si en un ratito recordé cinco “mujeres maravilla” de carne y hueso, que no necesitan super poderes ni tecnología para dejar -todos los días- el mundo un poquito mejor.

 
 
 

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