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LO QUE NO HAY QUE TOLERAR

  • Foto del escritor: Raúl Ávila
    Raúl Ávila
  • 20 ene 2021
  • 4 Min. de lectura

El consumo de alcohol es el más problemático en nuestro país, por varios motivos.

El primero es porque -al ser una droga legal, de fácil acceso por sus bajos precios en el mercado- es la primera a la que los jóvenes recurren para enajenarse siendo, en muchos casos, apenas niños.

Es cierto que la ley prohíbe la venta de alcohol a menores, pero no es menos cierto que los pequeños comerciantes, que venden vino “suelto”, suelen despacharle medio litro en envases descartables a quien pague el exiguo valor que se debe abonar por esa cantidad de bebida alcohólica, sin reparar demasiado en la edad del comprador, dando muchas veces por sentado, que esa compra ha de ser para un adulto perezoso que espera en su casa la bebida. Eso -sumado a que la fiscalización sobre el cumplimiento de la norma que (en los papeles) prohíbe la venta a menores- da como resultado el incumplimiento de la misma y la mirada para otro lado de buena parte de la sociedad.

El segundo motivo es de orden más bien social. Es bien sabido que el consumo problemático de bebidas alcohólicas, en personas de carácter violento, suele exacerbar esas características llegando a circunstancias fatales en algunos casos.

El último motivo al que me quiero referir es el que tiene que ver con la eliminación de lo que Landriscina alguna vez llamó “los duendes de la inhibición”. La persona que ha consumido alcohol, suele experimentar la sensación de que “todo está bien”, y en ese estado puede tomar decisiones de cualquier tipo, desde las más divertidas, hasta las más temerarias. Entonces puede suceder que suelte una ocurrencia muy jocosa o que resuelva exceder su velocidad (sin tomar en cuenta que el consumo de alcohol reduce sensiblemente la capacidad de reaccionar rápidamente a un evento fortuito), jugar con un arma, etc.

Por todo eso (mucho de lo cual proviene de mi experiencia personal como alcohólico en recuperación que soy) es que no puedo quedarme en silencio ante el anuncio de un legislador (ex intendente) como Sergio Botana, anunciando un proyecto de ley que pretende cambiar la exigencia de alcohol cero en sangre para los conductores, para “flexibilizar” la medida y pasarla a 0.3%.

Pero si todo eso fuera poco, el argumento en el cual se funda el proyecto es aún menos atendible. Porque -una vez más- se apuesta a auxiliar a las empresas vitivinícolas y, para ello, se expone a toda la población.

Porque nadie le prohíbe a nadie beber alcohol, lo que se le da actualmente a la población es una opción: si toma, no maneje. Pero además, porque nadie que beba va a tener un aparato que le indique cuándo dejar de hacerlo y en esa “evaluación” de cuándo hay que dejar de ingerir bebidas alcohólicas, puede estar la posibilidad de participar de un siniestro fatal o no.

Si los productores vitivinícolas han perdido capital, bien pueden evaluar medidas para revertir esa circunstancia, después de todo varios legisladores de la actual coalición de gobierno se muestran todos los días dispuestos a apoyar auxilios de todo tipo a empresas de las más diversas índoles (eso sí, no se quiere ni hablar de un salario social que ampare a amplísimos sectores de la población, que siguen quedando fuera de toda cobertura, muchas veces por decisiones de esos mismos empresarios).

Pero si todo lo expresado anteriormente no fuera suficiente, la forma en que Botana (y algunos otros actores del actual gobierno) suelen defender esta iniciativa y algunas otras, demuestra una ausencia importante de argumentos válidos y una forma de dirigirse a la sociedad, por lo menos cuestionable.

En radio Sarandí, el legislador fue consultado sobre esta iniciativa y cuando el periodista Gabriel Pereyra le recordó que durante su gestión se opuso a la ley que obligaba al uso del casco para los motociclistas y las consecuencias en vidas que tuvo dicha decisión, el legislador -lejos de desmentir con datos específicos- tomó el camino de “acusar” (por llamarlo de algún modo) a Pereyra de defender a “su gobierno” (en alusión a la supuesta condición de frenteamplista de Pereyra), de hacer una “camiseteada” propia de “los zurdos” y terminó con la frase “diga que banderita mueve y festeja”

Cuando Botana dice “su gobierno”, ¿está insinuando que los gobiernos sólo son de quienes los votan? Porque si fuera así, entonces se deduce que el actual gobierno sólo representa a la mitad de la población. Si eso no es una forma ramplona de generar la famosa “grieta” de la que se viene hablando hace un rato, que alguien me lo explique.

Porque esta actitud de Botana ya la vimos en Gonzalo Mugica cuando en el programa “La letra chica” de TV CIUDAD, pretendió endilgarles a los conductores lo mismo. Y también se lo escuché a la actual directora de INMUJERES, Mónica Botero en el programa Doble Click de Emisora Del Sol, cuando intentar incrementar los salarios de los jerarcas de las empresas públicas.

Entonces, si para tratar temas tan delicados como la graduación de alcohol permitida en quienes van a estar al volante, a sabiendas de las posibles consecuencias fatales de tal circunstancia, sólo para satisfacer a un sector productor que vaya si tiene posibilidades de re estructurar sus ecuaciones económicas sin poner en riesgo a la población (y vaya si usaron el manido eslogan “achiquemos el costo del Estado por favor!!!”), y cuando se les demuestra que la medida no debería ir por ese lado van a cortar camino y a caer en el “USTEDES vs NOSOTROS”, entonces digamos con todas las letras que -al menos- una buena cantidad de representantes del actual gobierno, está más interesada en mantener a las empresas que en el bienestar y la seguridad de la población.

Quizás (sólo quizás), algunos de quienes apostaron a “el cambio”, haciendo uso de su justo y democrático derecho, empiecen a notar que habría que haber analizado qué tipo de cambio se venía.

Porque el cambio per se, no parece tan bueno para los que vamos a votar de a pie.

Como decía el tema de La Tabaré:

“Vamo' a tener que encontrarnos

Vamo' a tener que aprender a cambiar

Y aprender a tolerarnos

Pa' aprender lo que no hay que tolerar.”

 
 
 

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