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LA COMUNICACIÓN QUE NO MERECEMOS

  • Foto del escritor: Raúl Ávila
    Raúl Ávila
  • 26 jul 2023
  • 3 Min. de lectura

En estos tiempos de crispación constante, de viralización de contenidos, de polarización deportiva, social, política y hasta artísticas, los comunicadores suelen ser parte excesivamente frecuente de las charlas, debates y hasta agresiones.

Con frecuencia, se suele señalar la irresponsabilidad de estos cuando hacen chistes o comentarios algún punto por encima del "apropiado" (vaya a saber uno para quién), o cuando entrevistando a alguna persona o personaje público, se muestran complacientes o no repreguntan ante las evasivas que use la persona entrevistada, para sortear un tema incómodo o para no exhibir su poco conocimiento sobre la cuestión abordada.

Es muy frecuente que la increpancia a los comunicadores radiales o televisivos se resuma en la afirmación : "tenés un micrófono en frente!"

Parecería que el sólo hecho de contar con un elemento técnico, imprescindible para desarrollar la labor periodísitica, obliga a los comunicadores a tener -todo el tiempo- la rapidez mental y la reacción apropiada, que satisfaga las expectativas de todos los públicos.

Ahora bien, cuando un comunicador comprometido con su oficio, que estudia los temas que aborda y los desarrolla en forma apasionada, le señala a una entrevistada que le está mintiendo, cierta parte de la población olvida que le estuvo señalando la responsabilidad de comunicar fehacientemente y le señalan un pretendido partidismo.

Tal es el caso del periodista Gabriel Pereyra, quien en una entrevista a la pre candidata del Partido Nacional: Laura Raffo, al referir a los gaurismos de hechos violentos en el pais, le señaló claramente que estaba mintiendo. La entrevistada pasó de la confrontación a la victimización y -justo es señalarlo- el tono en el que terminó la entrevista no fue el mejor de parte de ninguno de los dos.

Pero no es menos cierto que Pereyra estaba haciendo lo que casi constantemente estamos pidiéndole (exigiéndole) a los profesionales de la comunicación: que sean responsables frente al micrófono (que es decir: frente a la audiencia).

Al día siguiente, en el matutino televisivo Desayunos informales (La Tele- canal 12), la misma Laura Raffo fue entrevistada durante casi 37 minutos con motivo del lanzamiento de su movimiento político dentro del Partido Nacional.

Por supuesto se refirió al episodio con Pereyra (del cual ya se habían ocupado unos cuántos medios "serios", llegando incluso a revolver el fango con cuestiones personales de Pereyra y Raffo, supuestamente acontecidas hace más de una década).

Pero Raffo, al igual que la mayoría de los referentes del oficialismo, habló mucho más de su mirada negativa de la gestión del anterior gobierno que de las bondades del actual y cuando el periodista Leonardo Haberkorn quiso averiguar cómo haría para destinar fondos a la universidad, divagó en disquisiciones múltiples, sin llegar a decir nada.

Haberkorn procuró obtener una respuesta concreta de la economista, quien siguió disparando conceptos inconexos y responsabilizando al partido de oposición, hasta que el periodista no tuvo otra opción que preguntar si todo lo malo era responsabilidad del Frente Amplio.

La mesura y firmeza del comunicador contrastó claramente con la incomodidad de la entrevistada quien -viéndose expuesta- ensayó una elegancia que pareció muy forzada y reconoció que tenían miradas divergentes.

Estos episodios, ocurridos en un lapso de 24 horas, muestran de forma cabal y contundente la responsabilidad de dos comunicadores, con estilos distintos, con más vehemencia o más "cintura" y hasta con posturas divergentes en algunos temas.

Pero amboso comunicadores, cada uno a su modo (confieso que tengo serias discrepancias con Haberkorn), exhiben una robustez en el ejercicio del periodismo que tristemente no abunda.

Y sin embargo, cuando dos periodistas serios y comprometidos con la responsabilidad de comunicar a la sociedad hacen gala de ese compromiso, la discusión pasa por un contrato vergonzoso de una empresa estatal con un bufón radial partidista, que desde hace 30 años hace exactamente lo mismo, difundiendo las miserias humanas más banales y vergonzantes a tiempo que se burla de su porpia audiencia.

Visto de este modo, no tenemos derecho alguno a exigir comunicación de calidad.

No la merecemos

 
 
 

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