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EL ALTO PRECIO DE LA PROPIEDAD PRIVADA

  • Foto del escritor: Raúl Ávila
    Raúl Ávila
  • 24 may 2020
  • 2 Min. de lectura

Hace pocos días, un hombre -propietario de un pequeño comercio en su hogar- se enfrentó a tiros con delincuentes que pretendían ingresar por la noche a su hogar-comercio. En el tiroteo su joven esposa resultó herida y luego falleció.

El hombre quedó con dos pequeños hijos a su cargo y con toda una carga afectiva y emocional que ha de ser muy complicada, sin dudas.

Hace tiempo que se viene perfilando un nivel de violencia difícil de calibrar a nivel de la sociedad toda. Hace mucho que vengo notando que quienes deberían incitar a la gente a preservar la vida, los impulsan a defender sus bienes materiales.

Y no se trata de hacer una falsa oposición entre una cosa y otra, sino de entender que la cultura de defender propiedades, frecuentemente termina en episodios como el narrado al principio.

Legisladores, ministros, políticos de izquierda y derecha se han manifestado a favor del porte de armas en los hogares, sin terminar de entender que quienes terminan pagando las consecuencias de tales posturas, son las familias que sucumben a la idea de que la única forma de defender sus pertenencias es incorporando un objeto que tiene el potencial de matar.

Entre quienes más se exhiben en esta tesitura, un ex fiscal devenido en legislador, locuaz y muy afecto a los medios de comunicación, el Dr. Gustavo Zubía (hijo del Gral. Eduardo Zubía y sobrino del también Gral. Rodolfo Zubía; ambos con destacada participación en la última dictadura militar), suele hacer una apología de la posesión y utilización de armas de fuego, tan elocuente como preocupante.

Lo que no dice Zubía (ni ninguno de los que impulsan el porte de armas generalizado) es que en situaciones como la referida al principio, los delincuentes disponen de dos factores que los pone en clara ventaja respecto de los agredidos: la sorpresa y -casi como consecuencia de ella- la posibilidad de parapetarse en caso de defensa de quien está siendo víctima de su accionar.

Unos pocos días pasaron, las circunstancias del COVID19 y los implicados en una caso de abuso de menores (entre los que se cuentan personas vinculadas a la política, las relaciones públicas, la esfera judicial y vaya a saber cuántos cículos más). Conforme los días avancen aparecerán otras noticias de todo tipo que captarán la atención de la población y seguramente haya más hechos policiales que nos llenarán de emociones.

Es altamente probable que el Dr. Zubía aproveche alguno de esos hechos para reafirmar su discurso proclive al derecho a portar armas de la población y otros referentes se opondrán a él.

Pero lo que no cambiará es que un hombre jóven, con dos hijos pequeños deberá seguir enfrentando su vida sin la madre de esos niños. Para ellos tres, el precio de la defensa de sus propiedades materiales ya es demasiado alto.

Y lo peor de todo, es que nunca terminarán de pagarlo

 
 
 

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