QUERIDO PEPE
- Raúl Ávila

- 5 may 2019
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Carta abierta a José “Pepe” Mujica
Montevideo, mayo de 2019
QUERIDO PEPE:
Me tomo la libertad de escribir estas líneas, mas con la intención de reflexionar sobre algunos acontecimientos que vienen recrudeciendo en nuestra sociedad (y cuánto podrían estar influyendo algunas de tus prédicas en el “empoderamiento” de algunos sectores largamente postergados y estigmatizados) que con la pretensión de una respuesta.
A modo de rápido preámbulo te cuento que soy un firme y fiel votante frenteamplista, cuya militancia hace unos cuántos años ha pasado a ser casi nula (salvo por ese pequeño trabajo diario que uno, hasta por inercia, hace en sus círculos más cercanos, promoviendo el voto al FA y defendiendo el programa y los logros que se han ido conquistando.
Recuerdo aquel glorioso año 2010 en que vimos a Tabaré entregándote la banda presidencial en el estrado que se montó en la Plaza Independencia y todavía siento en el pecho la emoción de pensar que alguien que sufrió durante largos años los tratos más inhumanos, desgarradores y crueles –nacidos de la prepotencia de militares que fueron mucho más allá incluso, de las inmorales órdenes que recibían, dando rienda suelta a sus perversiones más recónditas- como en una fábula, ahora estaba recibiendo el honor máximo que puede tener cualquier ciudadano de cualquier país: convertirse en el Primer Mandatario.
En aquel momento (o cinco años antes, cuando emocionado le tomaste el juramento a tu camarada de militancia, armas y padecimiento: el “ñato” Eleuterio Fernández Huidobro), muchos soñábamos la llegada de un tiempo de justicia igualitaria y de reconstrucción social. Una época en la que aquellos sectores de la sociedad que siempre habían sido la moneda de cambio de las campañas electorales, a quienes –como si fuera un favor- se les daban bloques, chapas o un choripán con un vino cada cinco años, pasarían a integrarse cabalmente a quienes teníamos el privilegio de nunca haber estado en situaciones críticas.
Y pudimos ver como buena parte de esa población que antes no había sido tomada en cuenta, sino dentro de las campañas electorales, iban cambiando de postura frente a un hombre que predicaba la austeridad y la sencillez de un modo absolutamente inédito. Sin ir más lejos: en Piedras Blancas (barrio en el que nací y vivo), la inmensa mayoría de la población de más bajos recursos había sido (históricamente) votante del Partido Colorado, con especial predilección por las líneas más conservadoras (concretamente: el pachequismo). En aquel año 2009, mayoritariamente esas capas de Piedras Blancas pasaron a embanderarse con el MPP y la 609, pero concretamente su voto fue para “EL PEPE”.
Todo parecería indicar que entendieron que, con tu impronta, tu modo de decir y de retratar la realidad, los representabas de un modo genuino como nunca antes (ni después) alguien lo hizo. Vos eras (y para muchos de ellos, seguís siendo), su voz entre “los que cortan el bacalao”. Una voz que muchas veces molesta, no cae amable ni pretende congraciarse con nadie, más que con su propia forma de ver, pensar, hablar y actuar.
Tu personalidad, tu forma de expresarte, tu carisma, tu estilo de vida… todo lo que sos y representás, para buena parte de esa población, es lo que les otorga representación en los ámbitos a los cuales sienten que no les sería posible arribar por sí mismos.
Pero hay más. Al igual que sucede con referentes de todas las actividades, para buena parte de esa población, sos lo que quisieran ser y lo que –voluntaria o involuntariamente- imitan en su cotidianidad.
Por todo eso, querido Pepe, me atrevo a escribir estas líneas. Porque desde hace ya unos cuántos años estamos viendo una fractura en la sociedad que nació hace varias décadas y que se ha acentuado de un modo difícil de revertir, en los últimos años. Y ojo: no te estoy haciendo responsable único ni exclusivo de ello. Lo que sí creo, es que algunas de tus actitudes públicas contribuyeron a que los descendientes de aquellos que –con la creación del MIDES y con las primeras políticas sociales de los gobiernos frenteamplistas- se buscó reinsertar en la sociedad, entendieran que el modo de “ganar posiciones” –socialmente hablando- era por medio de la prepotencia.
Hechos de violencia, delincuencia y marginalidad han existido, existen y seguirán existiendo más allá de los planes y las mejores intenciones de quienes buscan erradicarlos. Sin embargo, el nivel de agresividad en quienes delinquen, la prepotencia, la sensación de que son “los dueños de la calle” en algunos lugares y horarios, hace que estemos viviendo un momento que hace pocos años no hubiéramos podido imaginar.
Es cierto que todo esto viene de la mano del consumismo salvaje y el pretendido posicionamiento a partir de objetos codiciados, merced de la publicidad y la creación de necesidades. De todos modos, creo que todos convenimos en que hasta hace algunos años, era impensable que por unos pocos pesos pudieran lastimarte seriamente o –incluso- matarte.
Y el caso, Pepe, es que esos sectores que tanto se identifican contigo y con tus formas, sienten que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran, para conseguir lo que se les antoje; y eso es alentado –entre otras cosas- por ciertas señales que creo que has dado y que no han sido las adecuadas.
A modo de ejemplo: cuando durante el desarrollo del mundial de fútbol celebrado en Brasil, luego de la expulsión y suspensión de Luis Suárez, te tomaste la libertad de “jugar” con la prensa diciendo “la FIFA son una manga de viejos hijos de puta” (con el corolario, cuando el periodista Sergio Gorzy te consultó si publicaba tu respuesta: “publicalo… por mí!”), la señal que estabas dando era que decías lo que quisieras y que no te importaba nada. Ya eras Presidente de la República, ya nos representabas a todos, ya habías cambiado el modo de vestir… parecía que no podías cambiar el modo de actuar, de hacer lo que se te diera la gana, de llevarte el mundo por delante sin medir consecuencias. Exactamente como hacen muchos jóvenes (y no tanto) hoy en día. Como hacen las hinchadas en los estadios, como hacen quienes salen a delinquir, como hacen las madres que van a golpear maestras a las escuelas, etc.
Y quizás alguien pueda pensar que vos no invitaste a nadie a ser así, pero sos un ejemplo, lo quieras o no. Del mismo modo que los niños en el baby fútbol buscan imitar a Suarez o Cavani, o que quienes practican ballet buscan hacerlo emulando a María Noel Ricetto, o quienes aprenden a tocar un instrumento buscan parecerse a Emiliano Branciari, Christian Cary u otros músicos; aquellos que te idolatran y que se sienten representados por vos, pueden interpretar que ese es el modo: prepoteando, haciendo lo que se les antoja, sólo porque sienten que tienen ese derecho, más allá de que las consecuencias las pague otra persona.
Y creo que es necesario que reflexiones sobre esas cosas. Porque estamos viviendo momentos muy complicados en nuestra sociedad. La fractura cada vez es peor, y la gente hace rato que está refiriéndose a “ellos” por contraposición a “nosotros”. Y cuando se empieza en esa lógica, nada bueno puede prosperar. Vos lo sabés bien, Pepe.
Por eso quise escribirte esto. Porque con tu aparición más reciente, donde al consultarte sobre hechos de violencia en Venezuela, expresaste que “no hay que ponerse delante de las tanquetas”, para mí gusto volvés a equivocarte y feo. Porque es justificar la prepotencia. Es como tirar la toalla frente al atropello.
Más tarde relativizaste lo dicho, pero dicho ya estaba. Y una vez más, diste una perla que justifica el atropello, la prepotencia y la violencia implícita en cualquier acto humano.
Quizás sea hora, querido Pepe, de empezar a analizar las palabras antes de decirlas. Del mismo modo que lo hacés en los documentales internacionales que tanta fama te han granjeado. Y también creo que podría ser el momento, para tratar de dar otro tipo de mensajes a quienes te admiran por tus expresiones menos pensadas, para que entiendan que de veras sos como ellos… y como todos, y que podés errarle feo, y retractarte en pos de los mejores entendimientos entre las personas.
Con todo mi respeto y admiración por una vida transitada del modo más fiel a vos mismo (aun con estos reparos), te saludo atentamente.
Raúl Alejandro Ávila Ríos


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