LA PREGUNTA OBLIGADA
- Raúl Ávila

- 27 jul 2020
- 3 Min. de lectura
Desde hace unos cuántos años venimos viendo que -en nuestro país- una de las preguntas obligadas a todos los políticos que se definen como progresistas y/o izquierdistas es si “Venezuela es una dictadura”.
Es casi inevitable. Si están frente a Tabaré Vázquez, Oscar Andrade, Carolina Cosse, José Mujica, Mario Vergara, Daniel Martínez o cualquier referente del Frente Amplio, la pregunta en algún momento será esa… y si es posible, en tono de afirmación velada.
Ya es casi folclórica la escena y de hecho Andrade ya la ha llegado a parodiar cuando aparece.
Y aunque está claro que las peculiaridades del gobierno venezolano son muy particulares, lo llamativo (al menos para mí) es la ausencia de preguntas sobre otros países de América Latina que bien podrían llamar la atención por los problemas macro económicos, los bajísimos guarismos de alfabetización y los indicios alarmantes de corrupción.
¿Cuál es el encanto que tiene Venezuela para los periodistas uruguayos?
Porque para la clase política está medianamente claro. Si se puede asociar a la centroizquierda vernácula con un modelo que -a todas luces- aparece como conflictivo y tendiente al fracaso, el rédito político será para la derecha y centro derecha del espectro.
Pero sigue sin aparecer la razón del interés periodístico… o, dicho de otro modo, la ausencia de interés sobre otros países de la región tanto o más complicados que la república bolivariana.
Porque con simples consultas a través de un buscador (Google, Bing o cualquier otro), podemos enterarnos que -por ejemplo- en Colombia asumió la presidencia de la Cámara de Senadores Arturo Char, quien está siendo investigado por la justicia de aquel país por implicancias en un caso de compra de votos en el que el actual presidente, Iván Duque, está seriamente comprometido (la investigación incluye -entre otras cosas- el voto de personas fallecidas). Char estaría, además, implicado en la fuga de una de las principales indagadas, quien fugó a Venezuela. Allí, en Venezuela (país enemistado con Colombia) fue capturada y puesta a disposición de la justicia Colombiana. (https://actualidad.rt.com/actualidad/359915-polemica-rodear-arturo-char-presidente-senado)
Siguiendo el mismo modo de búsqueda, es sencillo averiguar que el expresidente salvadoreño Mauricio Funes y quien fuera su ministro de Defensa y Seguridad, David Munguía Payés, fueron acusados por la fiscalía de aquel país por haber acordado con pandillas acuerdos ilegales, por los cuales se produjo “un alza en delitos como la desaparición de personas y la extorsión”. (https://www.dw.com/es/el-salvador-fiscal%C3%ADa-acusa-a-expresidente-mauricio-funes-de-pactar-con-pandillas/a-54325432)
El presidente brasileño Jair Bolsonaro fue denunciado ante La Haya por genocidio (https://elpais.com/internacional/2020-07-27/profesionales-de-la-salud-denuncian-a-jair-bolsonaro-por-genocidio-ante-la-haya.html) y en Estados Unidos ya se habla del avasallamiento del estado de derecho por parte del presidente Donald Trump (https://www.nytimes.com/es/2020/07/22/espanol/opinion/portland-protestas-trump.html?fbclid=IwAR3rWBBfPuK2w5nDjbyuKaAsP8NLFO5X7IhQcPosa5-xGvV-bloNbJLD_0Q&campaignId=7KRWF).
Todas estas noticias que -insisto- son muy sencillas de encontrar en una simple búsqueda en internet, no sólo tienen poca o nula mención entre los periodistas y analistas de nuestro país. Eso podría ser atribuible a múltiples factores, sin embargo, lo que es indudable es la insistencia sobre Venezuela con ciertos actores políticos y la ausencia absoluta de una pregunta equivalente con los actores políticos de otro signo.
Eso, que en otro tema podría parecer casual, en material política termina pareciendo arbitrario.
Y no se trata de acusar de nada a nadie. El punto es señalar que frecuentemente, quienes debemos preguntarnos aquello que no se pregunta el resto de la sociedad, nos dejamos llevar por la marea que impone el sistema y tendemos a ir hacia donde nos lleva la ola.
En todo caso la función de quienes ejercen el periodismo debería ser preguntarse aquello que subyace debajo de lo evidente y exponer la o las posibles respuestas a esas preguntas.
Y si eso no sucede, estamos quedándonos sólo con aquello que dejan visible quienes se encargan de exhibir y ocultar los acontecimientos según sus particulares conveniencias.


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